Soy Eduardo

Esposo de una mujer maravillosa y padre de dos hijos que son unos verdaderos locos exquisitos. Gran parte de lo que hoy considero importante en la vida lo he aprendido junto a ellos: la presencia, la paciencia, la alegría de las cosas simples y el valor de los momentos compartidos.

Actualmente vivo en Santiago, donde acompaño a parejas que valoran los recuerdos, las emociones y los momentos compartidos por sobre las poses y las tendencias.

De profesión soy kinesiólogo, un trabajo que disfruto profundamente porque me permite acompañar a las personas en su proceso de recuperación y conocer las historias que hay detrás de cada una de ellas.

La fotografía apareció como una extensión natural de esa forma de ver la vida.

Encontré en ella una manera de conservar lo que más me importa: las personas, sus relaciones y los momentos compartidos.

Quizás por eso mi forma de fotografiar está menos enfocada en las poses y más en las personas.

Porque creo que los recuerdos más valiosos son aquellos que nos permiten volver a sentir lo vivido, incluso muchos años después.

Estar presente.
De verdad.

El origen de mi mirada.