Algunas sesiones familiares tienen la energía de una tarde de juegos al aire libre. Otras, como la de Mary y Seba, encuentran su encanto en la calma, la intimidad y los pequeños rincones de un hogar lleno de personalidad.
Realizamos la sesión en su casa, aprovechando la luz que entraba por las ventanas y cada espacio que formaba parte de su vida cotidiana. Hubo momentos de juego y cercanía, pero también fotografías más pausadas, con sombras suaves y una atmósfera íntima que le dio un carácter especial a toda la historia.
Como ocurre en muchas familias, los animales también tuvieron un papel importante. Su perrito y su gato nos acompañaron durante gran parte de la sesión, regalándonos escenas espontáneas y algunos retratos que terminaron siendo protagonistas por derecho propio. Incluso tuvieron sus propios momentos frente a la cámara.
Lo que más me gusta de las sesiones en casa es que no intentan parecer otra cosa. Los espacios, la luz, los objetos y hasta las mascotas ayudan a contar una historia auténtica sobre cómo se vive ese lugar y quiénes lo habitan.
Una tarde tranquila, llena de detalles, juegos y compañía, que quedó registrada exactamente como fue: cercana, honesta y muy personal.